Alma de luna es fruto del tesón e implicación que nuestra familia pone en todo lo que hace, volcándose en el trabajo y añadiendo un ingrediente primordial, el amor. El amor a una mujer, el amor a unos hijos, a unos padres, a unos hermanos, a unos amigos, el amor a lo natural y a lo tradicional. Sencillamente Alma de Luna es amor. Y el amor para nosotros significa salud.

Nuestra producción es limitada para poder ser esmeradamente cuidada, árbol a árbol, rama a rama. Y es que hay determinadas cosas que no tienen por qué cambiar.

Nuestras aceitunas son fruto de un esmerado cuidado. Se encuentran en un paraje natural ideal para el cultivo de este fruto. En una concavidad natural del terreno que hace de escudo a nuestros árboles de vientos extremos. Con un clima de cambios de temperatura ideal y junto al paraje natural “Termas de Santa Fé”, en el Término Municipal de Chauchina, a 4 km del aeropuerto de Granada-Jaén Federico García Lorca.

El equipo de personas que llevan las labores de cuidado se dedica exclusivamente a ello. Con una formación labrada durante muchos años y basada en el amor a este trabajo y la pasión por conseguir el mejor producto.

El proceso de extracción recuerda al aceite de oliva más artesanal, cuidando los detalles para no convertirlo en un proceso industrial. Queremos lo artesanal, el zumo de aceituna. Queremos que sea rico en sabor, olor y sobretodo con los antioxidantes propios de este fruto que, tan demostrado está, nos hace tener una salud más óptima.

Para ello, la mezcla de aceituna en la recogida es homogénea, con aceitunas maduras, verdes y moradas. Lo cual consigue que tenga ese sabor y olor propios de algo artesano y natural. Seguidamente un grupo de personas selecciona y desecha aquellas que no cumplen los estándares establecidos y todo pasa al proceso de molturación.

El caldo obtenido es el zumo de aceituna original. Ese que demandamos en casa, ese sabor a hogar que nos deleita cuando vamos a un restaurante, ese sabor y olor propios de la nostalgia de aquellos años pasados.